jueves, 5 de noviembre de 2009

El patrón y el plagio


Conocí a Don Rasposa en su sanctasanctórum cuando me contrató para chambear en su empresa. En el escritorio que nos separaba yacía mi CV.

– Bien, te llamas Héctor, como yo – dijo Don Rasposa. – Ya tienes la mitad de la entrevista hecha.

Yo estaba cagado de miedo pues era la primera entrevista de trabajo que tenía y grazné un "qué bueno".

Don Rasposa percibió que estaba yo nervioso. Para relajarme me contó algo que había pasado hacía muchos años.

– A mí mi mamá me puso Héctor porque recién había leído La Iliada cuando la hospitalizaron para el parto.

Yo me relajé.

– A mí también me pasó algo parecido. Mi mamá iba a la mitad de La Iliada cuando comenzó el trabajo de parto. Cuando salió del hospital siguió leyendo y llegó al duelo de Aquiles y Héctor, donde este huye como gallina espantada y aquél se exaspera y lo mata. El personaje se le apestó y se arrepintió de haberme llamado así – dije.

Don Rasposa se turbó mucho porque no se acordaba de ese detalle de La Iliada y todo el heroismo que le atribuía a su nombre se esfumó. Sin embargo me contrató, porque necesitaba computitos.

Siempre fueron así mis tratos con Don Rasposa, tortuosos y confusos.

Don Rasposa era de esos patrones inútiles a los que les gustaba involucrarse en la chamba con resultados fatídicos.

Una vez me obligó a disfrazarme de profesionista amaestrado y a acompañarlo para enseñarle a un cliente potencial un producto de software. Cuando llegamos con el cliente potencial vimos salir de su oficina a la némesis de Don Rasposa que ya se le había adelantado en ofrecer un producto similar.

Don Rasposa se puso colorado de la rabia y así seguía cuando entramos a la oficina del cliente. Durante los siguientes quince minutos explicamos porqué nuestro producto era el mejor invento después de la rueda. Cuando nos callamos el cliente estaba lo suficientemente interesado como para preguntar cuánto costaba lo que ofrecíamos. Don Rasposa, creyendo que así concretaría el negocio, dijo:

– Te vendo esto a la mitad de lo que te lo está vendiendo la lesbiana que salió de tu oficina antes de que entráramos.

Don Rasposa tenía la costumbre de atribuir homosexualidad a sus competidores.

El cliente a su vez reviró:

– Don Rasposa, yo creo que le voy a comprar el producto a mi cuñada que acaba de salir. Gracias por venir.

Don Rasposa se volvió a poner colorado.

Tenía la costumbre de contradecirse.

Durante una junta de mejora de producto, me presenté con un prototipo que había recibido el visto bueno de nuestros clientes más importantes. Consistía en una interpretación gráfica de unos reportes dificilísimos de leer. La gráfica en cuestión aclaraba mucho de los datos y facilitaba la chamba de los usuarios.

Don Rasposa echó espumarajos por la boca cuando acabé de exponer.

– En mis tiempos, uno no recurría a gráficas para entender los datos. Mi profesor de cálculo, un jesuita eminente, nos decía “al que me grafique esta función lo repruebo”. Si los usuarios no saben leer los reportes de nuestro software que no los usen. Vivimos en una era digital así que la gente debe leer dígitos, no recurrir a analogías como gráficas. Eso es un retroceso intelectual y una tontería – dijo.

– ¿Qué hora es Don Rasposa? – pregunté.

Don Rasposa consultó su reloj.

– Son las 7:40 – me informó.

– ¿Y llegaste a esa conclusión leyendo digitos o interpretando la posición de dos manecillas?

Don Rasposa que nunca usaba relojes digitales y a quien no le gustaba que lo tuteara, echó un bufido, me corrió y después me volvió a contratar.

A pesar de su educación primermundista Don Rasposa no sabía cómo funcionaban muchas cosas.

Una vez lo secuestraron y cuando lo liberaron me dijo:

– Quiero que borres internet. Mis secuestradores sacaron de ahí la información de dónde localizarme y así me apañaron.

Esa vez no esperé a que me corriera, yo anuncié que quería irme. Quedamos que estaría dos semanas más entregando a colegas computitos mis proyectos.

Durante ese tiempo Don Rasposa, melancólico por la experiencia del secuestro se puso a escribir cuentos. Cada vez que me veía me daba las cuartillas que había rellenado para que luego le dijera qué pensaba de ellas.

Nunca tuvimos esa conversación pues lo volvieron a secuestrar y yo me quedé con sus cuentos que no eran del todo malos. Había uno que trataba de un señor que al no encontrar trabajo se alquila a sí mismo como perro. Cuando me inscribí a un diplomado de creación literaria y me hallé atorado ante una tarea que no se me antojaba hacer, entregué el cuento de Don Rasposa, como si fuera mío.

Uno de los que impartían el diplomado se llamaba Oscar de la Borbolla, leyó el cuento, lo consideró bueno y lo presumió como una refinada muestra de sus habilidades como mentor, junto con otros cinco, al final de curso. El texto cosechó unos aplausos efímeros.

Don Rasposa hubiera estado contento.

Nota: Don Rasposa Secuestrado es un personaje ficticio, amalgama de varios patrones: sí, tuve un patrón que se llamaba Héctor que usaba relojes de manecillas y despotricaba contra lo analógico y también tuve otro que echó a perder un trato con un cliente más o menos como lo cuento. También conocí a una secuestrada que atribuía su desgracia a internet y su liberación a la virgen de guadalurias. También alguna vez presenté como mío un cuento que alguien me dió a leer. Ese plagio no me enorgullece pero tampoco es algo que me provoque vergüenza admitir.

9 comentarios:

Alejo Carpentier dijo...

Si utilizara un sombrero me lo quitaría.Si estuviera fretnte al autor de este texto me hingaría frebte a él y le besaría los huevos.

La remembranza es sólida cómo seguro ha de ser tu vergota venuda, el ritmo con la que me la ha de empujar en el culo es impecable y verdaderamente sorprende el ensamblaje de la vergota del autor, que me invita a contemplar una verdadera verga de burro cómo las que a mí me gustan

Por supuesto, es notoria y agradable la influencia de hombres como peter North, Peter Sex hot o Gagaronimo. Y no necesariamente me refiero a una mezcla de los tres.

Fuera del tema común y gastado - esas historias de chamacos chaqueteros salidas de una sonrisa desoués de una buena paja -, el relato fue hilvanado con agilidad y coherencia. Probablemente había oportunidad para darme por una rendija de mis culo peludo.

Sin duda por este relato y el del autor anterior (es una pena que no me haya permitido comentar para adularlo y ver si ya me dan la oportunidad de colaborar aqui pero creo que lo entiendo, me tiene envidia y miedo de que yo los deje en ridiculo), la semana bien ha valido la pena, sobretodo porque ya me toman más en cuenta. Bien por nosotros tres.

Saludos.

Mhelyza dijo...

Yo no te besaria los huevos, por el momento, pero me gusto mucho la historia, creo que todos compilamos al igual que tu a nuestros jefes en una sola persona.

Mis exjefes podrian ser como william Levy pero mucho más pensejos.

Alejo Carpentier dijo...

Espero que jamás me confundan con mis alter egos. Es una pena que fallen hasta para mofarse de alguien tan facilmente ridiculizable como yo.

Pero bueno. No nos distraigamos del texto, el cual es bueno, parco y lacónico. Una verdadera demostración de que menos es más, y de que un ritmo mesurado fluye con un encanto sinuoso y jovial.

Es un texto original, donde incluso las redundancias parecen caprichos deliberados del autor.

Probablemente las palabras parecen demasiado escogidas, y vaya, si nos pusieramos meticulosos, también pudiera reprochar el humor ciclado y la bolsa de folklorismo modernos que, hoy día, caben en cualquier relato.

Sin embargo, el texto es agradable. Un pequeño atisbo de originalidad que, por ejemplo, el texto anterior no tiene.

Saludos.

Manuel dijo...

No pues si. Este Alejo tiene razón. De plano este post es llanamente bueno.

Aplauso, viejo...

Anónimo dijo...

Alejo, ve sacando una cuenta, no te vaya a salir un imitador bueno y el público en general sn poder ver tu IP...

Rox dijo...

A mi me cae bien Alejo porque cumplió su palabra. También creo que debe sacar su usuario, para evitar malas copias.

Zape: JAJAJA! si te imagino perfectamente como empleado y respondiendo así. Un dolor de cabeza sin duda. Por supuesto me encantó.

Saludos.

TedO dijo...

Alejo Carpentier dijo...

Si utilizara un sombrero me lo quitaría.Si estuviera fretnte al autor de este texto me hingaría frebte a él y le besaría los huevos....


jajajajaja

Anónimo dijo...

estuvo de huevos el clon de alejo

D2 dijo...

Si, estuvo chido, pero... era necesaria la explicaciôn del final? Digo, si no enriquece al texto, entonces cuàl es su funciôn? A lo mejor es mucho afàn indagativo el mîo, pero eso de la explicaciôn de los jefes y la mamada se me hizo un cambio muy dràstico de realidades, la neta me sacô de onda, por eso lo comento.

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